Las marcas que cuidan el medio ambiente son valoradas por los consumidores, pero, ¿qué pasa cuando se descubre que en realidad no cuidan tanto del mundo como parece?. En un festival, un gran planner dijo: “Las marcas no tienen que ser responsables por los problemas socio-ambientales. Las marcas están para vender”. Esto es aceptable siempre en cuando que se trate de una marca verdaderamente responsable. No tenemos que olvidar que atrás de cada marca, cada empresa, hay persona y estas deben ser responsables de cuidar los recursos.
Recientemente, la marca H&M se vio envuelta en un escándalo, una estudiante descubrió en Manhattan bolsas con ropa nueva cortadas en pedazos. Aparte de la evidente codicia de la marca, pareciera ser que aún no se comprende el poder que tienen las personas. La noticia se expandió por el mundo en pocas horas luego de una publicación del diario Neoyorkino. Luego aquellos que no se había enterado de lo sucedido, New York Times volvió a publicar una nota cuando la marca se tuvo que disculpar con la sociedad.
Volkswagen, con una comunicación divertida e ingeniosa, incitaron a las personas a cambiar actitudes como el exceso de uso de las escaleras mecánicas y tirar la basura en la vía pública (ver the fun theory) ¿esto significa que es una marca verdaderamente responsable?, ¿la empresa H&M luego del ridículo, realizará acciones de RSE?.
Los supermercados nos entregan bolsas biodegradables, pero compran alimentos en el exterior que llegan en aviones contaminando el aire. Las automotrices tienen producción nacional, pero las partes también llegan por aire. La industria del calzado, empresas de tecnología y muchos otros rubros utilizan aviones que emanan gases tóxicos para transportar sus productos. Cada punto amarillo es un avión. Esta es la visión de solo veinticuatro horas reducida en dos minutos.
El impacto ambiental producido por aviones es enorme, Jacques Fresco, en la película Future by Design propone el uso de granjas de cultivo verticales para evitar el tráfico aéreo de alimentos y en un reciente estudio publicado en Discovery Channel aseguran que con solo 5 granjas de cultivo vertical alcanzaría para todo Nueva York.
El tópico, “La obesidad del consumo” de Pablo Lezama, nos puede llevar a un pensamiento filosófico: ¿es posible mantener el sistema evitando consumir productos que contaminan?. Esto me hace recordar un video, un poco viejo que me envío un colega y amigo, en donde se plantea el origen del sistema: “Nuestra economía, enormemente productiva, exige que hagamos del consumo nuestro estilo de vida, que convirtamos el comprar y utilizar bienes, en auténticos rituales, que busquemos nuestra satisfacción espiritual, la satisfacción del ego, en el consumir… necesitamos que se consuman cosas, se quemen, se sustituyan, y se tiren, todo ello a un ritmo cada vez más rápido.”
Respecto a el uso de transporte aéreo es sorprendente ver como en todo el mundo se reúnen en protestas, bajo la concentración de Plane Stupid. El último comercial es una puñalada.
Este artículo ejemplifica el por que es necesario que las marcas propulsen acciones de RSE por verdadera convicción y no por justificación. Me pregunto, ¿qué pasaría si se reduce el trasporte aéreo?, ¿sería una oportunidad para lograr una economía y un desarrollo de mercado más justo?, ¿aparecerían mayor cantidad de marcas nacionales?, ¿sería por fin un comercio más justo?.

